Romance MM ambientado en las regiones de España. Cada novela, un lugar. Cada lugar, una verdad. Siempre con final feliz. Siempre con el corazón en la mano.
Amor que no se esconde. 16 novelas independientes, cada una ambientada en una región diferente de España. Cada protagonista lleva su propio peso — y encuentra el valor de decir la verdad.
En España, hay tantas formas de salir del armario como regiones, como familias, como hombres que se atreven a mirarse al espejo y decir: soy yo.— Salir del Armario, Band 16
Pequeños momentos que lo cambian todo. Lee un fragmento de cada novela — y decide si quieres saber cómo termina.
El olivar olía a tierra mojada y a algo que Marcos no sabía nombrar. Llevaba treinta y cuatro años caminando entre estos árboles, y por primera vez sentía que le estaban diciendo algo.
Luca estaba agachado junto al tronco más viejo de la finca, con las manos en la tierra, midiendo raíces que tenían más años que cualquier mentira que Marcos se había contado a sí mismo.
—¿Cuántos años tiene este? —preguntó Luca sin levantar la vista.
—Cuatrocientos. Tal vez más.
—Cuatrocientos años de verdad. De raíces que no se pueden arrancar. —Luca lo miró. Sonrió. Y Marcos entendió que ya no estaban hablando del árbol.
La cocina era un campo de batalla a las once de la noche. Treinta cubiertos, dos salsas en el fuego, el chef gritando tiempos. E Iker, con las manos en el plato más importante de su carrera, solo podía pensar en las manos de Ryan.
En cómo cortaba las verduras con esa calma imposible. En cómo se limpiaba la frente con el antebrazo, dejando una línea de harina. En cómo le había dicho, fumando en el callejón después del servicio: «No tienes que esconderte de nadie. Ni siquiera de ti.»
Iker apretó los dientes. Emplataba. Perfecto. Siempre perfecto. Nadie podía ver lo que pasaba dentro.
Todavía no.
Llevaban cuatro días caminando juntos. Cuatro días de ampollas, de lluvia gallega, de silencios que pesaban menos que las palabras.
Émile no hacía preguntas. Caminaba a su lado, compartía el pan, señalaba los hórreos y las hortensias azules como si fueran milagros. Y quizá lo eran.
En el alto de O Cebreiro, con las nubes debajo de ellos y Galicia entera abierta como una mano, Carlos dijo:
—Me divorcié porque estaba viviendo la vida de otro.
Émile asintió. No preguntó de quién. Solo dijo:
—Entonces ya estás en el camino correcto.